Café Bar A Cepa

Hemos de retomar este espacio para no dejar mal sabor de boca a los buenos lectores, a aquellos que saben degustar manjares de calidad. Pese a la última y accidentada aventura, en este caso traemos un lugar que cumplirá todos los gustos del buen comedor, sobre todo de aquel que se decante por el estilo de casa, la comida de cuchara y puchero.

El tabernáculo que presentamos en esta ocasión se sitúa en una calle del 'Casco Vello' compostelán, nombro a este con mayúsculas porque es un entorno de merecido reconocimiento. En lo gastronómico no tiene precio, en sus calles reside todo un elenco de personajes nocturnos y diurnos que demuestran que esta ciudad no duerme, y si lo hace es por poco tiempo. El Bar-Taberna-Lugar de encuentro 'A Cepa' se sitúa en el número 7 de la Rúa Algalia, lindando con la Praza de Cervantes, punto clave del itinerario céntrico.

Muchas veces uno suele adentrarse en lo desconocido en base a la imagen exterior que proyecta su destino escogido. No pocas veces he tenido que entrar en lugares única y exclusivamente por la gente que dentro se hallaba, he de decir a mi favor que siempre me hallaba acompañado. El individuo en relación a la masa se siente atraído y esto es una máxima a erradicar. 'A Cepa' es un lugar que llama al viandante por su tranquilidad, con la puerta siempre abierta, deja entrever todo, hasta la cocina hace acto de presencia con un simple vistazo. No hay duda que la transparencia es la nota dominante de este paraíso del buen comedor. Todo es como entrar en casa, uno se sienta y a esperar, con la quietud y espera que denota a este tipo de establecimientos, y es que caballeros y damas, lo bueno viene a pasos moderados.

Casi todo el personal que toma esta plaza como abrevadero viene sólo, circunstancias de la vida, solitario es el buen roedor que no espera a que el otro acabe. Llama la atención el pizarrín escrito a tiza que se sitúa en la entrada, único reclamo del bar, siempre y cuando no tengamos en cuenta el olor de la comida recién hecha. En él, se puede leer claramente: MENÚ 7 €, por lo que no hay engaño, ni trampa, ni sorpresa no advertida. Recientemente se ha añadido un ítem al repertorio 'sieteeurino', donde se puede leer: 'HAY PLATOS VEGETARIANOS', para que no se queje el personal no omnívoro.

Asentado en una mesa, no espere usted que le traigan la carta, el comer diario y directo tiene el agradable acierto de la inmediatez. Como vociferador imperioso, el hombre para todo: Matías, le recitará con su estilo declamado el menú previsto. Matías es el único dueño amo y señor de 'A Cepa' y lo cierto es que parece vivir un poco en la parra, pero esto no es obstáculo para una relación cordial con el hombre que se encuentra detrás de un voluminoso mostacho. Evite el protocolario: vengo a comer, dónde me siento? Usted solo mire el repertorio de mesas y sillas y adelántese.

Lo más normal es que tengas que esperar, ya que el galaico 'barman' puede estar preparando sus platos en ese mismo instante, y es que vuelvo a reiterar, este personaje tiene solo dos manos pero parece que tenga ocho cual buen cefalópodo, puesto que todo lo hace él. Pero no se preocupe, en cuanto el radar de Matías localice su presencia, se dirigirá como un torpedo a su mesa para atender el pedido. Así fue como me ofreció lo siguiente:

DE PRIMERO:

EMPANADA DE ATÚN, SETAS, GRELOS O CARNE.
ENSALADA MIXTA.
SOPA DE PESCADO.

De primeras la elección no es nada fácil, a continuación comento el porque. Las empanadas están hechas por el propio 'chef', el 'madelman' compostelano te lo hará saber a través de su mandilón, aún con restos de harina. Dice parte de su clientela, que el buen hombre se levanta a las 7h. para amasar y cocer sus cuadrados panificados. Estos mismos son ofertados a quién solo quiera tomarse un vino o una  consumición cualquiera. Identifico el vino como producto primordial, ya que Matías no duda en tomarse uno o dos vasos mientras te cocina tu elección, vino blanco de casa, acuñado entre las cubas con el amor de un buen paisano.

Pero tal que si fuese un discípulo de Gasset debo recordar que cada 'comida es esta y las circunstancias que la rodean', por lo que me remitiré al anecdotario vivido en tan particular momento. Mientras daba los primeros pasos hacia la barra del local, contemplé una escena de esas que llaman multiculturales. Un par de peregrinos italianos intentaban conversar con el bueno de Matías, sobre el menú ofertado, pero parece que las lenguas latinas no se cruzaban en este camino. Tuve que interceder de traductor espontáneo, con mis cuatro palabros italianos, pero lo cierto es que el problema comunicativo estaba en el canal, no sabemos si el canal auditivo del tabernero estaba poco codificado para el acento se Sicilia, lo cierto es que durante cinco minutos, uno presencio toda una batalla verbal para pedir una Coca-Cola y los dos platos del menú. Para darle un toque más exótico si cabe al panorama, un compañero lusohablante se unió al festín. Todos bien situados nos pusimos manos a la obra.

La opción determinada por este que os escribe fue la 'sopa de pescado', 'sopa de peixe' para mí, pero a Matías no le vengas con vocablos diferentes a los de su repertorio, pida las cosas por su nombre. Yo tenía clara mi opción, pero los amigos italianos prefirieron remitirse a sus recomendaciones, la conversación fue la siguiente:

-Ma que nos ricomienda¿
-Pues siñores, la empada y la sopa muy buenas.
-Ok, cavaliere, pues tráiganos entonces un plato de suopa, y el resto de plati?
-Pues el resto de plati son normales... 

Matías es sincero y él solo te dará buenos productos, tal que como sucede con las pilas, hay AA, y luego A; pero lo cierto es que todo tenía una pinta asombrosa; pero hablamos de alguien que ha sido nada más y nada menos que Jefe de Cocina del Ilmo. Hostal dos Reis Católicos; por lo que estará acostumbrado a peticiones condales y ducales; pero su clientela de ahora somos marqueses, burgueses de buen diente que no necesitamos cremas de vychissoise ni sorbetes de limón. Pero a buen comedor pocas cucharadas bastan, pocas para saber diferenciar lo bueno de lo mejor. Matías no te ofrece un plato de sopa, te ofrece la olla, confiando en tu buen hacer para distribuirla entre tu boca y el plato. La sopa, era de esas que reconfortan después de una noche de jarras y jarrones, en su punto y con productos de la ría, no sabemos si esta era de arriba o de 'abaixo' pero lo cierto es que entraba de maravilla.

Pasada la primera etapa de esta aventura nutritiva, regada con un vino tinto de la casa, acompañado de las consiguientes gotas de gaseosa, uno debe afrontar ya medio lleno la segunda parte. En esta ocasión, se presentaron las siguientes alternativas:


DE SEGUNDO:

JAMÓN ASADO CON PATATAS FRITAS.
LOMO DE CERDO CON PATATAS FRITAS.
MERLUZA CON PATATAS FRITAS.

Matías declama pacientemente el menú, pero no oses interrumpirlo, ya que tendrás que escuchar la cantinela desde el principio, puesto que él marca el ritmo de sus intervenciones. En mi buen hacer, intenté pedirle el plato que incluía lomo, pero no fui capaz de apuntar hacia su cerebelo, ya que pese a insistirle más de una vez, al final recibí jamón asado. Pero yo me fio del subconsciente de un hombre que lleva un bigote tan antiguo, a quien peina canas no se le puede rebatir, ya que su instinto no falla. Y así fue, el jamón estaba bañado en una salsa de tomate, pimiento y cebolla, acompañado de las susodichas patatas, recién peladas para la ocasión.  Esta es una de las cosas más detestables que existen, así me lo recuerda bien veces un compadre, 'si las patatas son congeladas, mejor dejarlas apartadas'. Como uno permanece atento a lo que sucede alrededor, observé el plato del compañero italiano que tuvo como opción preferencial la merluza, y lo cierto es que abundante era el mejor adjetivo que definiría a su ración. Su 'partenaire' prefirió optar por el lomo, aquel que me fue negado de palabra, obra y omisión; y no se diferenciaba en apetitoso de mi jamón.

A Matías no le tiembla la mano a la hora de servir y trabajar

Todo equilibrado, todo medido. 

La banda sonora de aquel mediodía fue una mezcla de televisión y temas de lo común. A un comensal solitario dale temario que pronto empezará a hablar por los codos. Matías debatía con un parroquiano sobre el momento de su jubilación, el afirmaba que los 96 eran buena fecha, después hasta los 102 de retiro y a buscar las llaves de San Pedro. Yo graciosamente reí por lo bajo, hasta que me vi envuelto en la conversación; me preguntaron ambos talentos del diálogo que cuando veía eficaz el retiro, y yo afirmé que hasta que el cuerpo aguante. Pero ya no quise hablar más, porque lo mío es comer y no parolar. De nuevo la poesía tranquila del comerciante gastronómico:

TARTA DE SANTIAGO
FLAN (CON O SIN NATA)
FRUTA
YOGUR
PIÑA
MELOCOTÓN
Y CAFÉ


Todos los clásicos de la sobremesa diaria se presentaron, pero quise darle una oportunidad al flan, a ver si era sorprendido con una receta casera o por el contrario venía envuelto en un dichoso plástico. La primera opción era correcta, recién salido de su molde, el flan era de talla XL, como su futuro comedor. Su vida fue corta, entró como entraba el respeto en las aulas antiguas; en caliente y directo. Puesto que me el sueño me estaba tirando de los párpados, decidí aceptar el café, de 'pucheiro', como mandan los cánones de la gastronomía galaica. Comido lo dispensado, solo quedaba pagar y agradecer a Matías el servicio.

Si vas de camino a la Catedral o a la Estación de Autobuses, si te has perdido yendo al Pub Meia a probar cócteles de estilo o si simplemente tienes hambre, no dudes en parar en 'A Cepa', te sentirás en casa, con lo bueno y con lo malo de esta situación; eso si, no tendrás que recoger los platos hasta que Matías cumpla la centena.

9/10  


Rúa Algalia de Arriba nº7, acuérdate, sino acabarás en algún pub de chicos musculados y aceitosos. 



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Café Bar Paris

No suele ser la tónica de este blog, no nos subimos a las críticas así porque si, pero nos vemos en la obligación en esta ocasión de llevar a cabo una negativa crónica. Advertido queda lector.

Corren tiempos de San Froilán en la capital lucense. Cuando uno nombra esta fecha pronto cae en la cuenta de que los bares están llenos y de que pedir algo con paciencia se hace necesario. Es por eso que para tomar un simple piscolabis, con tranquilidad, nada mejor que alejarse del casco histórico e ir hasta los arrabales. Un hombre de barrio como este narrador, tiene sus lugares preferidos a pocos pasos de casa, pero hablar de ellos concluiría en una emisión típica tópica de la rutina. 

Por lo tanto, no quedó más remedio que probar e innovar.

Para situarnos, primero cabe hacer un pequeño comentario alrededor de la vía donde se encuentra este antiguo local: Rúa San Roque. Esta es una de las vías principales de la capital amurallada, una calle llena de contrastes, desde novísimos edificios hasta viviendas de cuño viejo donde parece habitar el olvido. Es un tránsito con una concentración hostelero bastante alta, distribuída entre pensiones, bares, cafeterías... pero al ser larga no se nota la intensidad, puesto que estos establecimientos se distribuyen bastante en el recorrido. 

En cuanto a la Cafetería París, poseo varios recuerdos de mi etapa de infante, cuando uno descubría nuevos refrescos cada semana, menos Nestea, que tenía teína y te podía matar de hiperactividad. Con 9 añitos me había aficionado a tomar Radical, en su versión sabor naranja, un refresco que continúa rulando por los supermercados pero más habitual es verlo en 24 h. De aquellas tenía un frasco cristalino de vidrio gordo y era bastante azucarado por lo que hacía las delicias de cualquier niño. Llevado por el espíritu de la moda, me atreví a pedir esa marca en el nombrado bar. La cara de la mesonera fue de asco y repulsión, como si se tratase de un capricho, bajé la cabeza y pedí un agua del tiempo. La recibí fría y sin vaso, al final me la bebí y me atraganté con un cacahuete. Así fue la secuencia de los hechos registrados en aquella fría mañana de Noviembre del 2000.



Creo que desde aquel desgraciado incidente mi memoria juvenil no recuerda haber vuelto a este local. Pero como uno siempre tiene ganas de revivir el pasado por malo que sea, volví para ver que se cocía y se comía por aquellos lares. Lo primero que me encuentro es un apariencia totalmente reformada. Se aprovechó el título temático para poner motivos parisinos, desconocemos si estos están en relación con el pasado del dueño, pero creo que nunca llegaremos a saberlo, por lo menos a través de este blog.

El resultado gastronómico esta vez fue el siguiente:

1. Clara de Limón: 1,40.
2. Pincho: Lacón cocido.

Y muchos diréis, pues por lo menos te soltaron algo de comida, en otros sitios ni las gracias te dan. Pues no caballeros, tuve que mendigar ese bocado, arrastrándome por la barra y metiendo la mano entre los dueños y señores de aquel local. Así es, lo que se conoce como clientela habitual tenía un sabio territorio administrado al milímetro. Cuatro bandejas bien dispuestas se encontraban delante de los que allí concurrían. Yo me situé en el otro extremo de la barra porque notaba que me olían, todo aquello parecía muy territorial y cuando la dueña tuvo que abandonar su increíble conversación sobre champús casi me lanza los palillos a mi juvenil rostro. Después volvió presta a su conversación y desde mi ignorancia al ver salir un plato con pinchos de tortilla esperé vacilante a que llegase. Nada vi, nada comí, pasado el plato por el último miembro de este pequeño comité de sabios, la bandeja se posó sobre la barra, pese a mis esfuerzos por provocar una telepatía positiva en la señora tabernera; al final desistí y pedí que me cobrase. Creo que había que pagar un suplemento por las 'gracias' ya que ni esas me llevé en mi aventura.

Resumiendo. Intento hacer estas valoraciones atendiendo a la recepción de varios servicios recibidos, pero creo que en esta ocasión no va a suceder eso.

1/10 (Un punto por eso de que el local tiene baño, luz y servicios básicos).


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